Por estas tierras

Presentación de la Obra

Las tierras del Partido de Rivadavia fueron el escenario donde durante varios siglos interactuaron los representantes de diversas parcialidades aborígenes con los de una sociedad que pugnaba por avanzar sobre sus tierras. Pero a partir del momento en que el gobierno nacional se propuso concretar un Estado sin indígenas, todo comenzó a cambiar. El asentamiento de los fortines, el trazado de la zanja, la mensura y venta de tierras de la zona, implicaron el advenimiento de una nueva era en la que las huellas de aquella sociedad fronteriza empezarían a borrarse ante el embate de la marea inmigratoria. Alberto Orga, estudioso de la historia de Rivadavia, nos propone en esta oportunidad una valiosa investigación que busca sumergirnos en esa época comprendida entre 1876 y 1910.

¿Cómo se concretó la toma de posesión de un territorio que hasta entonces había sido tierra de los indígenas? ¿Quiénes se establecieron en él? ¿En qué lugares se fueron afincando? Son algunas de las preguntas que motivan el trabajo y que se irán respondiendo a lo largo de la obra. Para llevar a cabo ese cometido Alberto Orga recurre fundamentalmente a los planos, mapas y mensuras que elaboraron los topógrafos, agrimensores e ingenieros militares que acompañaron a los ejércitos de ocupación de la frontera o que fueron comisionados por las autoridades para describir y medir las tierras recientemente conquistadas. Esto hace que más allá del aporte de otras fuentes, sean estos documentos los que proporcionen el grueso de la información utilizada por el autor para darnos a conocer de qué manera se trazó la zanja de Alsina, en qué lugar se levantaron los fortines, cuáles fueron los primeros campos existentes en la zona, dónde había asentamientos humanos o cuáles fueron los primeros caminos, postas y pulperías que surgieron en el lugar. Por otra parte, la lectura exhaustiva de estas fuentes no solo le permite recrear esos aspectos de la sociedad que surgía, sino que además lo lleva a descubrir algunos vestigios dejados por parcialidades indígenas que hasta poco tiempo antes se desplazaban por el lugar y que tenían una actividad pastoril y de intercambio mucho más compleja de lo que vulgarmente se cree. Tal es el caso de los caminos por ellos utilizados (rastrilladas), los jagüeles que habían construido para facilitar el desplazamiento de sus animales o los nombres con los que identificaron ciertos sitios estratégicos como montes, lagunas o médanos de la región.

Al mérito que tiene la investigación hay que sumarle el de ofrecer al lector un material cartográfico de un valor inestimable. Los agrimensores, topógrafos e ingenieros militares, que con sus informes y mediciones posibilitaron el reconocimiento de las tierras conquistadas a los indígenas, son hombres que realizaron una verdadera epopeya para que las mismas fueran conocidas, mensuradas y finalmente ocupadas por sus nuevos habitantes. Sin embargo, sus vidas y sobre todo sus obras, son aún bastante desconocidas. Este trabajo contribuye justamente a saldar esa deuda, al generar conciencia sobre la información que atesoran estos planos, mapas y mensuras, y lo que es más importante aún, poniendo ese material a disposición de quien quiera conocerlo.

Un comentario aparte merece la incorporación a la obra de los aportes de otros vecinos, ya que además de enriquecerla nos brindan la posibilidad de conocer aspectos de nuestro patrimonio cultural que muchas veces nos son desconocidos.

El resultado de esta investigación no solo tiene que ser una gran satisfacción para el autor, que siempre trabajó para reconstruir la historia de Rivadavia, sino que también debe serlo para todos los que nos sentimos hijos de esta tierra.

Porque anteriormente los trabajos de historia local solían limitarse a una nómina de las principales instituciones y personajes del lugar, pero desde hace un tiempo han comenzado a surgir investigaciones como ésta, en las que  los pobladores emergen como sujetos históricos, enmarcados dentro de un contexto más amplio. Esto refuerza el  convencimiento de que la historia local es un instrumento maravilloso para facilitar la comprensión de la historia general.

Irma Bernal